Las cosas en su lugar

Falcioni jugó sus fichas, fue a la batalla sin su mejor soldado y perdió la guerra. Y ahora, reclama por el 10: “es el mejor jugador que tenemos”. En sólo dos partidos, la situación se dio vuelta y todo volvió a su lugar.

JR y Falcioni. Se la jugó sin él y ahora lo necesita para salir del pozo.


Cada vez que un conflicto rodea –intencionalmente o no- la vida de Juan Román Riquelme, la cuestión es simple: hay que sentarse a esperar. ¿Para qué? Para ver cómo, a veces más lento y otras más rápido –cómo en este caso-, las cosas vuelven, como por obra de la naturaleza, a su lugar. 


Cuando Julio César Falcioni llegó a Boca, dio a entender cuál era su mediocampo ideal: Battaglia, Somoza, Erviti y Riquelme. De los cuatro, dos no estaban en el club y el ídolo máximo, en recuperación. Por eso, un nuevo medio se gestó en el verano, que ilusionó por su orden, equilibrio y, para algunos, juego. Aunque aclaraba en aquel entonces, para el diario La Capital de MDP, que Seguramente jugaremos con un 4-3-1-2. Yo ya lo dije hace un tiempo. Que el que tenía la posibilidad de contar con Riquelme jugaba con ventaja. El que tiene a Riquelme juega con ventaja. Ahora lo tenemos nosotros, trataremos de aprovechar esa ventaja”. 


Por eso, en una decisión firme cuando varios pedían el equipo del verano, ya con Leandro Somoza y Walter Erviti en el equipo y con Juan Román Riquelme recuperado, optó por poner ese medio “ideal” en el debut ante Godoy Cruz. El equipo generó en ataque, se vio desequilibrado en defensa y el cóctel final fue un doloroso 1-4 en casa.

Pero el resultado adverso y el esguince del 10 fue la excusa perfecta para volver a lo que realmente más le gusta al DT –y por eso el “ideal” entre comillas anteriormente-: el 4-4-2. Cualquiera sean los intérpretes, el técnico siempre tuvo esos tres números en la cabeza, pensando un equipo equilibrado y sin demasiados ánimos de atacar. Y para eso no lo necesitaba al 10. A pesar de ello, Falcioni –con Riquelme sin posibilidades de jugar contra Racing- afirmaba que el enganche era “el emblema del equipo”.

En la semana previa a All Boys, JR –seguramente advertido por lo que después pasaría-, salió a aclarar que estaba para jugar, que su tobillo estaba bien y que la lesión había quedado en el pasado. Cosa que demostró en la práctica formal de ese miércoles, cuando el DT lo puso para los suplentes: gol y asistencia. Al día siguiente, trotaría alrededor de la cancha y quedaría fuera de los concentrados. “El equipo ha tenido un buen funcionamiento, esto es lo mejor que Boca puede presentar. Preferimos que Román trabaje para volver al equipo, como Erviti o Cellay”, explicaba el DT en una conferencia de siete minutos.

De emblema a “que trabaje para volver”, poniéndolo a la altura de Cellay, Falcioni salió a jugar sin el 10 en una Bombonera que ardía y necesitaba a su ídolo. El empate en cero desató los insultos para un técnico que se ganó el odio de la gente en tan sólo tres fechas.

Y cuando todo indicaba que el regreso era inminente, la famosa sinovitis apareció para darle una nueva oportunidad al “Boca de Falcioni”. Con el 10 con agua en la rodilla por una exigencia –innecesaria-, Julio tenía dos pruebas de fuego para demostrar que “su” Boca podía sin Riquelme. Pero, como era de esperarse, no pudo. Dos derrotas en fila, que preocupan no sólo por el resultado sino también por el rendimiento, dejaron al DT en la lona.

“Estando bien, es el mejor jugador que tenemos sin ninguna duda. El hombre que nos puede cambiar la ecuación de juego”. JCF dixit, hoy, en La Red. La lectura es simple: perdió “su” batalla. Esa de jugar sin el 10. Lo usó para llegar –“El que tiene a Riquelme juega con ventaja”-, lo presentó en el debut, fue el fusible de aquella derrota, lo calificó como “emblema del equipo” para luego ningunearlo y dejarlo fuera de los concentrados. Se fue a la guerra sin el mejor soldado que tenía y perdió la batalla. Y hoy, vencido, lo reclama. Cómo quien diría, con un “manotazo de ahogado”

“La idea es hacer un poco de fútbol mañana y el jueves, y que tome el ritmo necesario para poder estar”. JCF ahora lo necesita. No quiso hacer “un poco de fútbol para que tome ritmo” en la previa de All Boys. Pero ahora lleva dos derrotas a cuestas y no ganar le costaría la cabeza. Sólo un par de partidos sirvieron para que, una vez más, las cosas vuelvan a su lugar. Y el 10 vuelva a su hogar, la Bombonera.
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