No hubo equipo

Boca arrancó el Apertura con pocas luces y un empate en cero en Bahía Blanca. Riquelme, más impreciso que de costumbre, no pudo redondear una buena actuación y nunca encontró socios dentro de la cancha. Boca lo sintió y no hubo fútbol.

Riquelme estuvo impreciso y no tuvo socios dentro de la cancha.
Riquelme juega mal. Son las tres palabras que más cuestan escribir y que menos se repiten en el fútbol argentino, por lo menos, desde 1996. Pero hoy, luego de una “gran pretemporada”, exenta de lesiones y con “mucho trabajo físico”, no se vio la mejor faceta del 10. Y, por consecuencia, del equipo.

Boca jugó mal. Son tres palabras que se vienen repitiendo y ya se tornan cotidianas en el marco del fútbol argentino. Un equipo sin identidad –o que asume la identidad del “no fútbol”-, que teniendo al mejor pasador del planeta elije saltearlo y revolear, sacarse la pelota de encima, que acentúa y pone el foco en lo defensivo y es uno de los peores equipos a la hora de defender.
El conjunto de Falcioni debutaba, con las ilusiones renovadas como cada arranque de campeonato, con Olimpo en Bahía Blanca. Y dejó más preocupaciones que aquel 1-4 en la Bombonera en el anterior estreno ante Godoy Cruz. Porque, si bien el resultado no es tan adverso como aquel, el rendimiento preocupa y mucho.
¿Cómo puede ser que, en un equipo de JCF, el punto más flojo sea la defensa? Teniendo en cuenta que es lo que más le preocupa y donde acentúa el trabajo y su discurso de “equilibrio” -que nunca apareció-. ¿Cómo puede ser que, teniendo a Riquelme, los defensores elijan constantemente sacarse la pelota de encima y revolearla para que la aguanten los dos delanteros? Falta de recursos – o de trabajo, algo que le dolería aun más al DT-.
El campo de juego no ayudó. Y tal vez, aunque no es bueno buscar excusas, ahí esté la explicación para que Riquelme errara algún que otro pase, algo muy difícil de ver cuando se trata del 10. Pero lo preocupante no es que Román no acierte un par de pases. No. Porque todos saben que, al partido siguiente, o al otro, va a dejar mano a mano a Viatri, Cvitanich, o quien sea, como lo hizo hace pocos días en Londres.
Lo realmente preocupante es como mejorar el desempeño de los otros diez jugadores, que no poseen las características natas que sí tiene el enganche. Cómo lograr que Insaurralde deje de pegarle a los rivales a la altura de la cara y toque la pelota corta y no la revolee. Que los laterales no pierdan la espalda. Que los del medio colaboren tanto en el quite como en la creación. Que los de arriba se muevan lo suficiente para crear los espacios que el 10 ve como nadie.
Hoy Riquelme jugó mal. Le faltaron socios, le faltó con quien tocar, con quien crear, con quien sumar. Habrá que empezar a formar un equipo, que se preocupe tanto por defender como por atacar. Hoy Riquelme fue el mejor de Boca. Y, aunque esa afirmación en cualquier contexto sería lógica, hoy es preocupante.
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