Ni defensa ni justicia

Boca cayó en un partido insólito ante un Independiente desfachatado que no tenía nada que perder. Se atacó bien, se defendió horrible y el 10 se jugó un partido para guardar. Clásico de aquellos con resultado injusto.
Por Leandro Ulloa (@CancionUlloa)
Riquelme hizo todo para ganar un partido que se perdió al final. Insólito desenlace.
Era un partido para un cuadrito. Luego de arrancar dormidos, con un gol a los pocos segundos y otro antes de los ocho minutos, el panorama negro invitaba a una heroica remontada comandada por el capitán Riquelme. Y así fue, por lo menos, hasta que se derrumbó todo al final.
El diez se puso el equipo al hombro e hizo todo lo posible para enderezar el barco que comenzó más que torcido. Pidió todas las pelotas, las distribuyó con claridad, fue punzante en cada intervención y hasta se anotó con un gol que contó con un control fantástico del balón, el 2-3 antes de finalizar el primer tiempo.
Con jugadores rápidos y de buen pie –Gaona Lugo, Ledesma, Sánchez Miño, Erbes- Riquelme se sintió cómodo, con descarga, en su salsa para desarrollar y explotar lo mejor de su juego. Pero, cuando se llegó a un excelente nivel en ataque, se vio afectado el famoso equilibrio: la defensa, como contra Fluminense, tuvo un partido para el olvido.
Horrores hicieron que Independiente, en las pocas llegadas que tuvo, convirtiera en casi todas. Caruzzo, que se fue lastimado, fue otra vez ese desconocido defensor que nunca encontró su nivel de Argentinos Juniors y perdió la marca en uno de los goles. Roncaglia, autor de dos goles, fue el más firme. Sosa no aportó demasiado y el Flaco Schiavi tuvo un error que costó el partido, una barrida fallida en el último minuto. Orión, cómo ante Fluminense, mostró su peor versión desde que llegó a Boca.
Todos estos errores empañaron tal vez el mejor partido de Boca de los últimos tiempos. Como aquel 1-4 ante Godoy Cruz, justamente el debut oficial de Falcioni, cuando se creó mucho, el diez se jugó un partidazo, pero la defensa conspiró para que las cosas no salieran como deberían. Esta vez, la efectividad de Boca fue mayor, pero el desenlace, el mismo: derrota injusta en La Bombonera.
En los próximos días JCF deberá replantearse varias cuestiones. Hablar mucho con Orión y con los defensores, para volver a encontrar la solidez perdida. Decidir si quiere atacar como hoy, o volver a no atacar como antes, “cerrar los partidos” y tal vez conservar el cero, cuestión imposible de asegurar. Pero un par de cosas quedan claras con este desempeño del equipo: Sánchez Miño y Ledesma -y tal vez Erbes- piden titularidad a gritos y Riquelme es el jugador más influyente del fútbol argentino y está en un nivel de Selección. Y Boca, jugando -o mejor dicho atacando- de esta manera, ganará mucho más de lo que perderá, y de lo que ganaba antes.
Pero hoy fue un partido insólito, que no se da con frecuencia y menos en un clásico. Un partido dónde Boca hizo todo para ganarlo en ataque, pero todo para perderlo en defensa. Una defensa que no existió, que flaqueó y un resultado que no hace más que mostrar lo lindo, pero lo injusto que puede ser el fútbol. En gran parte, gracias a un número diez que no para de crear fútbol donde no hay. Pero como el rival de nuestros primos este fin de semana, hoy no hubo ni defensa ni justicia.
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