Me verás volver

Juan Román Riquelme vuelve a ponerse la camiseta de Boca luego de ocho meses: ante Unión y en La Bombonera, se vivirá una nueva fiesta de bienvenida que muchos habían soñado y que la mayoría ya había descartado. Se viene el 10.

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El 16 de mayo de 2002, luego de 194 partidos, 44 goles y 6 títulos, un joven Riquelme de 23 años se despidió de Boca por primera vez. El 10, tal vez el jugador más talentoso que tenía el país en aquel entonces, se fue a probar suerte al Viejo Continente y dejó un “hasta luego” por los rincones de La Boca que, entre lágrimas, ya deseaban su vuelta.

“Cuando veo un partido de Boca y veo la 10, siento que se la estoy prestando”, decía Román, mientras se había llevado su magia y su fútbol a España, ninguneado por Van Gaal y Antic, pero llevando a lugares no explorados al modesto Villarreal.

Varios se la cuidaron durante casi cinco años, y alguno con más éxito que otros. Pero cuando comenzaba el 2007, el 18 de febrero, el 10 volvió a pisar La Bombonera para empezar a moldear el mito, el ídolo que se había formado con aquel pequeño Román y que se terminaría de formar con el primer regreso.

En ese fugaz pero intenso romance de cuatro meses Riquelme se metió de lleno nuevamente en el corazón del hincha de Boca que había añorado su fútbol durante tantos años y que podía volver a verlo en un nivel que ni en sueños había imaginado. Fueron 26 partidos, 10 goles y la Copa Libertadores para toda la alegría del pueblo xeneize.

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Casi un año después, y luego de disfrutarlo en la Selección pero de sufrirlo sentado en las plateas del Madrigal, el hincha de Boca disfrutó del segundo regreso.  Otra vez central, el 10 de febrero La Bombonera recibió a su ídolo, a ese que había visto por última vez levantando la Copa y rompiendo redes en el Olímpico de Porto Alegre.

Esta, si se quiere, se puede tomar como la vuelta definitiva: Boca compró su pase y recuperó el ídolo para siempre. Pero las circunstancias no dejaron que fuese así y dejó lugar para algunas memorables vueltas más.

Con el conflicto eterno de su renovación durante 2010, con renuncia mediante del tesorero Daniel Angelici y operación en la rodilla de Román, el 14 de agosto de aquel año piso la Bombonera, esta vez de jean y campera negra, saludó a la gente y se llevó la ovación sin siquiera ponerse los cortos.

Con tránsito complicado pasaron los siguientes años, pero Román, a pesar de las adversidades desde el cuerpo técnico en algunos pasajes y dirigenciales en otros, bancó la parada, jugó 132 partidos, marcó 29 goles y obtuvo otros cuatro títulos.

Y casi araña su sueño: la cuarta Copa Libertadores. Ese sueño que se lo arrebató su desgaste, el rendimiento del equipo y que terminó de madurar un KO que había comenzado en las elecciones de fines de 2011. “Estoy vacío, no tengo más para dar”, fueron las últimas palabras para dar un portazo que parecía definitivo. Era el último adiós.

Pero como la mejor película de Hollywood, esa que ni el más crédulo se cree, Riquelme este domingo volverá a pisar el patio de su casa, vestida de gala para recibir a su máximo ídolo en lo que será -¿será?- el último regreso. Vuelve la magia. Vuelve el 10.

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