De la número 5 al número 10

Por Leandro Valdés (@leandrovaldes12 y @LeandroValdesVM)

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Sabés qué, yo también estoy cansada. No la estoy pasando bien. Yo veo como te maltratan quienes te pagan, pero a mi no me pagan, a mi me pegan, me revolean, me aplastan, me usan para hacer tiempo, me tiran al foso, a la tribuna, contra el alambrado. Últimamente vivo sin rumbo, por el aire, soportando fuertes ráfagas de viento. Es que a nadie le importa si está lloviendo o si me voy a insolar por el calor. A casi nadie le importo.

Encima sacan estadísticas para ver que equipo me tiene más tiempo, pero nadie dice para que me usan. Si, me usan, como si fuese un objeto pero no lo soy.

Es que nosotras tenemos vida, sentimientos y tenemos familia. Seguramente de chico jugabas con mi prima número 3, con mi hermana número 4, con la tía “la pulpo”, con mis pesados abuelos de cuero duro o nos armabas copias truchas con medias, papel o enfundabas en cinta adhesiva para que seamos más duras.

Con vos todo es distinto. Cuando entro a la cancha, veo tu figura y escucho a la gente corear tu apellido, soy feliz. Feliz, como te gusta decir a vos. Me es indistinto que sea Pittana, Castrilli, Baldassi, Ruscio o Abal quien me agarre primero, yo se que me espera un buen juego porque estaré más tiempo con vos.

Vos siempre me das bellísimas caricias con los taponcitos de tus botines, me hacés girar de un lado al otro, sintiendo esas cosquillas que genera esa grama húmeda. Todo mi esférico cuerpo disfruta del aroma del pasto cuando estoy con vos. Y sueño despierta en paralelo a la planta de tu pie. Ese “ole” que escucho me reconforta y me despierta, esperando volver a vivir eso otra vez.

Claro, como vos estás ahí arriba, no sabés lo lindo de estar tanto tiempo por el césped. O tal vez si lo sabés y por eso me cobijás bajo tu suela y buscás que tus compañeros me impulsen a ras del piso.

¿Te acordás de Geremi y Makelele? Esos morochos me querían tirar contra los japoneses sacafotos, quienes miraban atónitos como esas ampulosas y fibrosas piernas se destartalaban sin poder siquiera tocarme. Y te diría que a vos tampoco.

Todas esas patadas que te pegaron por no soltarme, para protegerme. Dejabas que te golpeen a vos para que no me lastimen a mí. Todo lo hacías y lo hacés por mí. Sí, ¡cómo me cuidaste y me cuidas!

¿Te acordás cuando Yepes te arrinconó contra la línea y vos te hiciste el distraído, me empujaste sin mirarme y te fuiste por el otro lado? ¿Querés que te cuente algo? En cada túnel que hiciste, que fueron cientos, me diste la posibilidad de ver la ropa interior del rival de turno. Date cuenta, yo miro todo. Todo, absolutamente todo.

Si te vi salir disparado a pedirle la casaca a Luís Figo en Tokio, y también vi como Zidane, el día que se retiraba, se sacaba la misma remera y te la daba él a vos. Él a vos, como cambian las cosas que te rodean. Pero vos no. Tus valores, tus amigos, tus sentimientos, tus códigos, nada de eso es acomodaticio a las circunstancias, a las exigencias del marketing y de la TV. Vos la tenés clara, vos sabés que es más importante hacer yunta conmigo que dar exclusivas, salir con botineras, vivir con sonrisa falsa o ser un aportante.

Tal vez de chico te faltaba una de las comidas diarias pero a mí siempre me fuiste fiel, y fuimos cómplices muchas veces. Dame algún crédito.

Cuando querías decir algo, yo te ayudé. Entré al arco que da a socios sur para que pongas tus manos sobre tus oídos. Del otro lado eludí a propios y extraños para entrar mansita y que vos puedas juntarte con tus compañeros en la mitad de cancha, mostrando una remera con una leyenda de agradecimiento para alguien que ya no estaba. Ni hablar de ese último clásico. ¡Qué beso me diste antes del tiro libre! ¡Un romántico!

Si vos sabés como te dejo el piquito para que me acaricies y me dirijas hacia donde imaginás. Es que de tu pie salgo siempre como un misil teledirigido que cae en el pecho de un compañero. Ahí no me importa tener que cruzar el ancho de la cancha, yo se que iré a parar al cuerpo de uno de azul y oro, o caeré donde la jugada lo pide. Ese es el verdadero placer de volar, el del saber un destino seguro, otros no saben eso o no lo entienden. Con vos disfruto también el volar, ese planear con sentido. Hasta disfruté volar por entre medio de la neblina en plena noche copera con el Cúcuta colombiano.

Podía recordar muchas otras de nuestras travesuras, pero hoy no tiene tanto sentido. Estas líneas son para decirte que no quiero que te vayas, no quiero que me dejes sola, desamparada. Pienso como la enorme mayoría de los que están alrededor del campo de juego de la Bombonera. Ellos y yo te queremos ver con la azul y oro, te queremos ver bien, sabemos que tenés mucho más por dar. Es el patio de tu casa, queremos que sigas yendo al Templo Sagrado porque vos sos el que más veces lo visitó y más alegría le dio a sus hinchas. Y a mí.

Aún así te entiendo, y muchos también entenderán lo que decidas. Es que sos vos quien debe decidir, no otros por vos. Te lo ganaste, Carlos también. Nadie llegó a ese premio, mejor dicho, sólo ustedes pueden decidir por sí mismos, para todos los demás casos que decidan las autoridades de turno, esas que pasan de largo, algunos con más pena, otros con más gloria, pero pasan. Vos no pasas, vos llegaste y te quedaste. Como Carlos. Y te quedarás para siempre, pase lo que pase. Todas las pelotas pensamos igual.

Entonces te cuento que yo te voy a apoyar en lo que decidas por todo lo que hiciste por mí y por los hinchas.

Lo único que te pido es que si te vas, nunca te enfrentes a los que usan la de Boca. Yo ese día no te voy a ayudar en nada, te lo aviso con tiempo. Me voy a poner un cascabel adentro para hacerte la vida imposible, para que la magia que hacés conmigo se frustre. Sabelo, no quisiera ser parte de ese partido, no quiero que ocurra jamás. Y si te toca, ese día me pincho sola y me voy. Que jueguen sin pelota. Cuantos DT juegan sin pelota o a la ¡segunda pelota! Y mirá que estamos todas las pelotas de acuerdo con esto. Habrá huelga universal de balones para que nunca puedas ni tengas como enfrentar a Boca.

Por último, y no te molesto más, el día que decidas irte –ojalá que sea con Carlos en diciembre del 2015-, no te hagas el vivo y llevame a Don Torcuato.

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