El Día de la Lealtad

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El 9 de Julio de 2012 se terminó de crear el mito: nació el Día de la Lealtad Riquelmista. Y el 10 fue eterno.

“No vi el banderazo, me lo grabaron en mi casa. Después lo miré solo y me puse a llorar”.

La capitalización del Riquelmismo tiene fecha. El 9 de julio de 2012, el amor juntó una multitud en las inmediaciones de La Bombonera, el mítico estadio del club más popular del país. En el corazón del patio de su casa, ni siquiera hizo falta de su presencia para semejante acto popular.

Más de 5000 almas se reunieron de manera espontánea, sin ninguna bandera política ni apoyo mediático, empujadas por la admiración, el idilio y el deseo del retorno de su emblema, su líder futbolístico.

La mayoría, quería expresar su deseo de verlo otra vez con la camiseta de Boca, de hacerlo cambiar de opinión. Otros, simplemente, demostrarle el amor incondicional y el apoyo en cualquiera de las determinaciones que tome de ahí en adelante.

Aquella tarde marcó un antes y un después. Porque Riquelme hizo latir los corazones de todos los hinchas de Boca con su juego, como lo pudieron haber hecho Guillermo, Palermo, Rojitas, Suñé, Márcico o el mismísimo Maradona. Pero esa demostración de afecto fue lo que lo llevó a superar la barrera del jugador de fútbol, para transformarse en un ícono popular.

Él no estaba ahí, pero se hacía presente en cada bandera, en cada canto, en cada remera. El público presente, su público, se hizo escuchar en multitud y, sin saberlo, protagonizó un hecho histórico.

Acaso, ¿cuándo un jugador, un deportista, o hasta un equipo, pudo mover semejante masa de gente sin siquiera dar nada a cambio, sin una organización previa por parte del club involucrado? Las personas se juntaron por el simple hecho de juntarse, por emparejarse con quienes compartían el mismo sentimiento, con la esperanza de hacerlo cambiar de opinión. Todo, de manera espontánea y auto convocada.

Porque Riquelme, desgastado, cansado, agobiado de luchar contra el poder, con varias batallas a cuestas, esas que lo habían formado como jugador y emblema, y que había moldeado también a quienes estaban presentes aquel 9 de julio, había dicho basta. La nefasta noche del 4 de junio, ya 5 cuando dijo adiós, en la que no pudo levantar su cuarta y definitiva Copa Libertadores. Su anuncio, el peor de los anuncios, había provocado lo que se vivía en los alrededores del Antonio J. Armando.

“Lo único que me hizo temblar, me hizo llorar solo en mi casa, fue cuando salió la gente a la calle”.

Para contextualizar semejante movida espontánea, hay que remitirse a las redes sociales. En Twitter, en los primeros días de julio se había empezado a hablar de un banderazo para convencer al ídolo a cambiar de opinión.

Luego de algunos desacuerdos en fechas y horas, finalmente se decidió, mediante la cuenta de El Último Diez, consensuado con las cuentas más convocantes, de fijar el nueve por el feriado. El horario sería a las 16 horas.

A las 15, unas quinientas personas ya colmaban la esquina de Brandsen 805. Por dicha calle, la gente se acercaba desde los dos extremos, llenando toda la cuadra desde Práctico Poliza hasta del Valle Iberlucea. El clima era el de un fin de semana de partido, aunque no había nada más para ver que la propia gente gritando por el ídolo.

Los protagonistas excluyentes de las pegadizas estrofas se repartieron entre Julio César Falcioni, el DT en aquel momento, Daniel Angelici, el Presidente, y la dirigencia en general, como los focos del degaste que llevó a tomar la decisión del diez.

Y aunque el club hizo todo lo posible por evitarlo, cerrando las puertas para que no ingrese la gente, cayendo la noche se abrieron hasta llenar la popular media que está detrás del arco del Riachuelo, la de socios, debajo de la visitante.

Los Riquelmistas, en un estadio totalmente vacío, sin ningún espectáculo que admirar, imaginaron a su ídolo tirando magia en el verde césped y cantaron por horas, en un acto de amor y locura  incomparable y seguramente para algunos incomprensible.

Y más aún, si le sumamos la auto convocatoria en otras ¡36 ciudades! tanto del país como del mundo, pidiendo por el ídolo en simultáneo, en todas las provincias argentinas, y hasta en San Pablo, Santiago de Chile o Montevideo.

Durante las horas que duró el #BanderazoxRoman, como se lo categorizó en Twitter rápidamente, desde los distintos rincones de Argentina no pararon de llegar fotos mostrando cómo era la movilización en cada provincia o ciudad extranjera. Todos los canales deportivos y de noticias de la televisión argentina cubrieron el evento en vivo y en directo.

Aquella tarde noche se terminó de gestar el mito. Como se movilizó el pueblo, aquel 17 de octubre de 1945, pidiendo por quien creían su líder y a quien querían en libertad, el pueblo Riquelmista hizo lo propio con el suyo. Y creó, el 9 de julio de 2012, el Día de la Lealtad Riquelmista.

“El día que hicieron esa marcha fue lo más grande que me pudo pasar como futbolista”.

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